Evangelio meditado
lunes, 11 de noviembre de 2024
A mi dulcísima Madre
martes, 5 de noviembre de 2024
Haz que vea tu Luz
Y llegaron a Jericó; y al partir de Jericó con sus discípulos, seguido de muchísima gente, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. Habiendo oído, pues, que era Jesús Nazareno (el que venía), comenzó a dar voces, diciendo: "Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí". Y reñíanle muchos para que callara; sin embargo, él alzaba mucho más el grito: "Hijo de David, ten compasión de mí". Parándose entonces Jesús, le mandó llamar. Y le llaman, pues, al ciego diciéndole: "Ten buen ánimo, levántate, que te llama". El cual, arrojando su capa, al instante se puso en pie, y vino a El. Y Jesús le dijo: "¿Qué quieres que te haga?" El ciego le respondió: "Maestro, que yo vea". Y Jesús: "Anda, que tu fe te ha curado". Y de repente vio, y le iba siguiendo por el camino. (Mc 10, 46-52)
Bartimeo el ciego, no o de pie; sino sentado; no en el camino; sino junto al camino. Pedía limosna, es decir, pedía lo que necesitaba para seguir viviendo. Reñian con él y le retaban para que callara porque había alzado la voz para llamar a Jesús cuando supo que pasaba por allí.
Como nosotros, que nos hemos salido del camino y ya, sin poder ver la verdad, pedimos que nos ayuden los simples mortales. El mundo, el demonio y la carne nos hacen callar para que no llamemos a Jesús y nos sane. Y sabiendo que es el Señor el que pasa, gritamos fuerte (cuando la lucha es grave hay que orar más), oramos con insistencia; aunque la carne, el demonio y el mundo nos soliciten para seguir postrados en el pecado. Es el Señor Jesucristo quien pasa y escucha nuestro clamor, se detiene y nos hace ir hacia Él.
"Levántate, que te llama"
El ciego arroja su manto y se pone de pie, arroja de sí su tristeza y amargura, se levanta con la confianza, con la esperanza de ser salvo, se levanta del fango de los vicios y se dispone a estudiar las virtudes para ser otro hombre, un hombre nuevo.
"¿Qué quieres que te haga?"
"Maestro mío, haz que yo vea". Que pueda ver Señor la Luz y la Verdad que Tú eres y así haga yo lo que Tú quieras. Hazme salir de las tinieblas en que he vivido esclavizado por mis pasiones.
"Anda, que tu fe te ha curado".
Al instante el ciego Bartimeo comenzó a ver y siguió a Jesús por el camino. Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida.
jueves, 12 de septiembre de 2024
El empeño por corregir a otros
Para meditar en la lectura de hoy.
En Lc 6,37 Absolver significa mucho más que perdonar los agravios, significa más bien disculpar todas las faltas ajenas, no verlas, ésta es una gran luz que nos da el Señor y nos libra de ese empeño que tenemos muchos de nosotros por corregir a los demás que, por supuesto, no están bajo nuestro magisterio, so pretexto de enseñarles o aconsejarles sin que ellos lo hayan pedido. Realmente es un gran alivio cuando uno se siente liberado de ese celo indiscreto de andar corrigiendo a los demás; es un comedimiento que, sabemos por experiencia, siempre sale mal. Juan Straubinger
miércoles, 11 de septiembre de 2024
Verdad y Apariencia
Es algo demasiado humano el deseo que tenemos de que los demás hablen bien de nosotros. La sed de gloria es considerada por el mundo como muy legítima y hasta noble. Pero el Señor dice: "Ay de ustedes cuando los hombres les aplaudieren"( Lc 6,26); la luz de Cristo se opone al criterio mundano.
Hemos de saber que Cristo se humilló, renunció a su igualdad con Dios y abandonó ese privilegio. No habló por su cuenta, era veraz y justo; y lo es. Ningún discípulo de Cristo es más que Cristo. Todo apóstol está puesto como basura del mundo.
La luz de Cristo se opone a los goces mundanos. San Pablo advierte (1 Cor 7, 31): "Los que gozan del mundo, vivan como si no gozasen de él". La escena de este mundo con sus bellezas temporales y carnales es una escena que pasa, que desaparece. Las apariencias son así, como en el teatro: cae el telón de repente y se acaba la escena que se representaba. Un cristiano pleno sabe bien que las bellezas de la carne producen intensas emociones; en cambio, lo espiritual es tranquilo. Aquello es apariencia; ésto es verdad. Si de verdad somos imitadores de Cristo, no podemos seguir tristes pensando que las bellezas temporales son mejores que las del espíritu. Los hombres vemos una mujer hermosa y medio desnuda y eso nos produce una intensa emoción. Las mujeres ven un hombre hermoso y de película, y eso les produce intensa emoción. Igual sucede con las riquezas, las satisfacciones, los elogios: pura apariencia que desaparece. Y este mundo, más el actual, está abarrotado de apariencias. Un cristiano sabedor de la verdad de las cosas ambiciona más, no quiere poner su destino en cosas que van a desaparecer de repente. En la realidad hay algo que es lo más real de todo, y ese algo es el misterio insondable del Amor de Dios, de su Hijo que se humilló por salvarnos; si nos entregamos al Amor entenderemos, nos sentiremos satisfechos en nuestro corazón tanto como en nuestra mente.
Oremos.
Señor Dios, Padre Santo, que las apariencias de este mundo que pasa y el deseo de una gloria mundana no nos alejen de la verdadera bienaventuranza que es ser imitadores de tu Hijo, Jesucristo. Que no pongamos nuestro destino en cosas mundanas. En el Nombre de Jesús. Amén.
A mi dulcísima Madre
María, Madre mía, yo te amo. Mí dulce Madre, tú me cuidas. Dulcísima Señora mía, eres Terrible. Y también eres suave, tus palabras me lleva...