lunes, 11 de noviembre de 2024

A mi dulcísima Madre

María, Madre mía, yo te amo.
Mí dulce Madre, tú me cuidas.
Dulcísima Señora mía, eres Terrible.
Y también eres suave, tus palabras 
me llevan a Jesús, que es Luz de mi vida.

Tú, Madre suavísima, me abriste
una puerta que yo no conocía.
Ahora me llevas de la mano
a contemplar el Rostro de tu Hijo, el Mesías.

Triste estaba yo porque quería 
llegar a Jesús; más sólo no podía.
Y te conocí a Ti, que eres de fuego,
¡Gracias Madre dulcísima!
Feliz por tu compañía.

martes, 5 de noviembre de 2024

Haz que vea tu Luz

Y llegaron a Jericó; y al partir de Jericó con sus discípulos, seguido de muchísima gente, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. Habiendo oído, pues, que era Jesús Nazareno (el que venía), comenzó a dar voces, diciendo: "Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí". Y reñíanle muchos para que callara; sin embargo, él alzaba mucho más el grito: "Hijo de David, ten compasión de mí". Parándose entonces Jesús, le mandó llamar. Y le llaman, pues, al ciego diciéndole: "Ten buen ánimo, levántate, que te llama". El cual, arrojando su capa, al instante se puso en pie, y vino a El. Y Jesús le dijo: "¿Qué quieres que te haga?" El ciego le respondió: "Maestro, que yo vea". Y Jesús: "Anda, que tu fe te ha curado". Y de repente vio, y le iba siguiendo por el camino. (Mc 10, 46-52)


Bartimeo el ciego, no o de pie; sino sentado; no en el camino; sino junto al camino. Pedía limosna, es decir, pedía lo que necesitaba para seguir viviendo. Reñian con él y le retaban para que callara porque había alzado la voz para llamar a Jesús cuando supo que pasaba por allí. 

Como nosotros, que nos hemos salido del camino y ya, sin poder ver la verdad, pedimos que nos ayuden los simples mortales. El mundo, el demonio y la carne nos hacen callar para que no llamemos a Jesús y nos sane. Y sabiendo que es el Señor el que pasa, gritamos fuerte (cuando la lucha es grave hay que orar más), oramos con insistencia; aunque la carne, el demonio y el mundo nos soliciten para seguir postrados en el pecado. Es el Señor Jesucristo quien pasa y escucha nuestro clamor, se detiene y nos hace ir hacia Él.

"Levántate, que te llama"

El ciego arroja su manto y se pone de pie, arroja de sí su tristeza y amargura, se levanta con la confianza, con la esperanza de ser salvo, se levanta del fango de los vicios y se dispone a estudiar las virtudes para ser otro hombre, un hombre nuevo.

"¿Qué quieres que te haga?"

"Maestro mío, haz que yo vea". Que pueda ver Señor la Luz y la Verdad que Tú eres y así haga yo lo que Tú quieras. Hazme salir de las tinieblas en que he vivido esclavizado por mis pasiones.


"Anda, que tu fe te ha curado". 

Al instante el ciego Bartimeo comenzó a ver y siguió a Jesús por el camino. Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida.


A mi dulcísima Madre

María, Madre mía, yo te amo. Mí dulce Madre, tú me cuidas. Dulcísima Señora mía, eres Terrible. Y también eres suave, tus palabras  me lleva...